Una semana sin redes sociales

Agencias

Cuando mi jefe me propuso dejar de usar redes sociales por una semana, la idea me pareció lo más descabellado del universo porque, en general, soy una persona que vive conectada permanentemente a su celular y por, supuesto, a las redes sociales, una persona que podría clasificarse como adicta.

La consigna era sencilla, aguantar una semana sin postear, likear ni compartir nada en ninguna red social como Facebook, Twitter, Instagram y WhatsApp.

De entrada, el experimento empezaba “en caliente” por lo que solo pude escribir un mensaje en Twitter acerca de que no estaría disponible durante una semana. Debido a que la medida fue muy “de bote pronto” no pude avisarle prácticamente a nadie de mis amigos, ni siquiera a mi hermano o mi novio, lo que generó caos entre mis contactos.

 De mi teléfono eliminé mis aplicaciones de Twitter, Facebook, Messenger e Instagram para evitar cualquier tentación. Solo conservé WhatsApp para cosas del trabajo aunque, le quité el sonido a las notificaciones.
Los pros

Los dos primeros días del experimento me di cuenta de que podía dormir más porque al llegar casa, después de la oficina, sacaba a mi perro a pasear y como no tenía otra cosa en la cual perder el tiempo, me dormía. Así, logré el récord de dormir de 12 de la noche a 11 de la mañana, algo que para alguien tan insomne como yo, fue todo un logro.

Como no tenía idea de si me escribían en el muro de Facebook ni nada, no viví pensando en eso y tampoco lo extrañé.

Los días siguientes, llegaba a casa y veía series. Así, pude ver en dos días Santa Clarita Diet, Abstract y el documental de los Cascos Blancos en Siria (al día siguiente estuve de intensa con mi jefe hablando todo el tiempo de este documental).

El jueves, por ejemplo, me levanté temprano y leí casi 50 páginas de uno de mis libros favoritos en un par de horas.

El viernes, fui al dentista y dejé mi teléfono en casa, porque de todas formas, me era inútil en el 90 por ciento de sus funciones.

También noté que le duró muchas más horas la pila al teléfono. Cargo mi teléfono durante la noche y por las tardes pero durante este experimento solo necesitaba cargar mi iPhone durante la noche.

El miércoles por un asunto laboral tuve que abrir mi WhatsApp y revisar un mensaje.

Una de las cosas que más me gustó fue que cada que quería saber de alguien o alguien de mí, me llamaban por teléfono. Uno de mis amigos me dijo que, incluso era más lindo escucharme que verme escribir maldiciones en la pantalla, se le hacía más personal una llamada mentándole la madre.

Estuve en estado de histeria la mayor parte del tiempo porque podía leer las notificaciones de mis WhatsApp en la pantalla y, ver el número de mensajes que crecía a diario, me llenaba de ansiedad.

El sábado decidí volver a utilizar mi WhatsApp porque tuvimos una situación extraordinaria en la oficina y en la madrugada de ese día leí los casi 4 mil mensajes que tenía en total. Tardé 110 minutos en hacerlo.

El domingo, el último día del experimento, me la pasé pensando cómo redecorar mi cuarto, así que la cosa más productiva de abandonar redes sociales fue eso.

Conclusiones

Creo que nunca me imaginé que sería tan indispensable tener redes para poder comunicarme y trabajar, aunque aislarme del mundo virtual dio paso a explorar qué tanto es que las personas se comunican y cómo lo hacen.

Al final del día agradecí tener una línea telefónica porque así pude llamar a todos (eso sí, hice al menos 76 llamadas en ese mismo tiempo) y que mis amigos y mi familia me apoyaron en este proyecto; además de que no me quedé sin novio.

Ojalá lo pudiera volver a hacer.

Por Tania Villanueva @PachitaRex